Maido, el sabor del Perú que conquistó el mundo de la mano de Misha

Cuando miro hacia atrás y pienso en el camino que ha recorrido Maido, me invade una profunda gratitud. No fue un trayecto sencillo, ni mucho menos rápido. Fue un viaje de búsqueda, de identidad y de respeto por las raíces. Desde que abrimos las puertas en Lima, supe que quería hacer algo más que servir buena comida: quería contar una historia, la historia de un país que se expresa a través del sabor.

Cuando se habla de Mitsuharu “Misha” Tsumura, se habla de una historia de identidad, esfuerzo y pasión. Nacido en Lima en 1981, hijo de padres japoneses, Misha creció entre dos culturas que marcarían su destino: la disciplina y el respeto por el detalle del Japón ancestral, y la calidez, el color y la intensidad del Perú.

Sin embargo, su camino hacia la cima de la gastronomía mundial no fue sencillo. Desde joven, Misha sintió curiosidad por los sabores y por la manera en que la comida unía a las personas. Pero cuando decidió estudiar cocina, no todos comprendieron su elección. En aquella época, la gastronomía peruana aún no tenía el reconocimiento internacional que hoy posee, y ser cocinero no era considerado una profesión de prestigio.

Decidido a formarse, partió a Estados Unidos para estudiar en la Johnson & Wales University, en Rhode Island. Allí descubrió la dimensión técnica y científica de la cocina, y también el peso de las raíces. Al terminar sus estudios, trabajó en restaurantes japoneses en Osaka, donde vivió en carne propia las exigencias y la rigurosidad de la cocina nipona. Aquellos años en Japón no fueron fáciles: Misha debía ganarse el respeto de sus maestros, limpiar, aprender en silencio y demostrar día a día que su pasión era más fuerte que el cansancio.

De regreso al Perú, trajo consigo una idea clara: crear un lenguaje propio. En 2009 abrió Maido, un restaurante que nació sin grandes pretensiones, pero con una visión definida: rendir homenaje al encuentro entre el Perú y Japón. Los primeros años fueron duros. No era fácil explicar la cocina nikkei a un público que aún la veía como una fusión exótica o ajena. Hubo momentos de incertidumbre, de mesas vacías y de dudas. Pero Misha insistió, fiel a su intuición y a su respeto por el producto peruano.

Con el tiempo, su perseverancia dio frutos. Maido se convirtió en un referente, no solo por su técnica impecable, sino por su identidad honesta y emocional. En 2019 alcanzó el puesto número 1 en Latin America’s 50 Best Restaurants, y en 2024 fue reconocido como el mejor restaurante del mundo. Sin embargo, Misha siempre ha repetido que el éxito no está en los premios, sino en el camino, en la gente que trabaja día a día con amor y humildad.

“No hay atajos. La cocina es sacrificio, respeto y memoria. Lo importante es cocinar desde el corazón, con orgullo por lo que somos y por la tierra que nos alimenta.”

Hoy, Maido es más que un restaurante: es un símbolo de lo que puede lograrse cuando se cocina con raíces firmes y sueños grandes.

Maido nació del encuentro entre dos mundos: el Perú y Japón. Crecí en Lima, pero con el alma impregnada de la cultura japonesa. Durante años, traté de entender cómo esos dos universos podían dialogar en un mismo plato sin perder autenticidad. Así nació la cocina nikkei, no como una fusión, sino como una evolución natural, un reflejo de quienes somos: hijos de migrantes, herederos de una diversidad que se saborea.

Convertirse en el restaurante número uno del mundo no fue un objetivo, sino una consecuencia del trabajo, la disciplina y, sobre todo, del amor por el detalle. En cada plato hay una historia del mar peruano, de sus agricultores, de sus pescadores, y del respeto que sentimos hacia el producto. Ser reconocidos por The World’s 50 Best Restaurants fue una emoción indescriptible, pero lo más importante fue ver cómo América del Sur se alzaba en el mapa gastronómico global con fuerza, talento y orgullo.

Mi mensaje para las cocinas de nuestra región es simple: creed en vuestra identidad. No hace falta mirar hacia afuera para encontrar inspiración; el tesoro está aquí, en nuestras costas, montañas y selvas. América del Sur tiene una riqueza cultural y gastronómica incomparable, y es el momento de mostrarla al mundo sin miedo, con autenticidad y respeto por nuestras tradiciones.

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