8M Mujeres que inspiran en la gastronomía

En el marco del Día Internacional de la Mujer, quisimos conversar con seis socias de Fegach que, a través de su trabajo cotidiano, inspiran y enriquecen nuestra actividad gastronómica. Cada una, desde su propia trayectoria y experiencia, comparte una mirada auténtica y un mensaje sólido que fortalece el rol de la mujer en la gastronomía e impulsa a muchas otras a seguir su mismo camino.

Claudia Patiño, Directora Académica Inacap Puente Alto. (Expresidenta de Fegach)

  ¿Cómo manejas la presión, el estrés y los errores en un entorno donde todo sucede a gran velocidad? Manejo la presión combinando organización y calma. En gastronomía uno aprende a trabajar con rapidez manteniendo una buena mise en place mental y operativa, lo que reduce errores bajo estrés. Desde mi rol académico aplico una mirada reflexiva: gestiono el estrés priorizando, delegando cuando corresponde y manteniendo una comunicación clara. Fomento un ambiente de trabajo en equipo donde los errores no se ocultan, sino que se analizan para fortalecer habilidades, asegurar aprendizajes significativos y mejorar la toma de decisiones.

¿Qué significa para ti el éxito en gastronomía más allá del reconocimiento o los premios?  Para mí, el éxito en gastronomía no tiene que ver con premios ni con figurar. Está en esos momentos sencillos pero profundos: cuando un plato logra despertar un recuerdo, una emoción o simplemente hace sentir bien a quien lo recibe. Es cuando ves a tu equipo funcionar como un solo corazón en cada servicio, apoyándose, aprendiendo y creciendo juntos. El éxito también está en el respeto por el oficio: en honrar los ingredientes, los territorios y su identidad, en cocinar con intención, en no perder la pasión incluso en los días más exigentes. Es saber que, a través de la comida, puedes transformar un instante de la vida de alguien. En este maravilloso rubro le damos felicidad a otra persona a través de la comida.

¿Cómo transformas los fracasos o críticas en oportunidades de crecimiento personal y profesional? En gastronomía, sobre todo en los inicios de mi carrera, en un rubro donde había muy pocas mujeres, entendí que los fracasos y las críticas son parte natural del oficio. Los transformo en oportunidades analizando qué falló, ajustando la técnica y considerando siempre la opinión del equipo, porque el aprendizaje en cocina es profundamente colectivo. Desde mi rol académico aplico la misma lógica, pero con una mirada más reflexiva: identifico qué competencia necesito fortalecer y cómo ese aprendizaje puede aportar al trabajo con estudiantes y equipos. En ambos roles, convierto cada error en una herramienta para crecer, mejorar procesos y avanzar con mayor claridad profesional, siempre con un trato justo y empático, y con la intención de dejar una huella positiva en las personas.

Mónica Spencer, Chef banquetes embajada de Chile en el Vaticano, Roma, Italia

¿Qué valores consideras imprescindibles para que una mujer construya una carrera sólida en este sector? Creo que además de la pasión y la disciplina, es tremendamente importante perseverar en nuestros objetivos y seguir adelante por muy difícil que a veces sea el camino.  Es imprescindible estudiar, mantener la curiosidad y las ganas de aprender siempre de quién tengamos cerca.

¿Si pudieras hablar con tu “yo” más joven, ¿qué consejo le darías sobre resiliencia y autoestima? Le diría que siga adelante, sin miedo, que cada elección que hará la llevará precisamente donde quiere estar, que no se tome nunca en serio a los que intenten disminuir sus méritos y que los cambios siempre traen cosas buenas.

¿Qué mensaje quieres transmitir a las niñas y jóvenes que sueñan con dedicarse a la gastronomía? Les diría que lo intenten, que lo den todo en la cancha, que cada experiencia vale la pena, cada pasantía, cada viaje. Que no dejen pasar ninguna oportunidad de aprendizaje y que estamos aquí para cambiar la sociedad y para crear espacios de trabajo para nosotras las mujeres sin que sea necesario hipotecar nuestra vida personal. Les diría que se puede, y que el liderazgo desde la empatía es posible y transformador.

Natalia Tapia, Dueña y Chef Restaurant El Mañio, Chonchi, Chiloé.

En un sector tradicionalmente exigente, ¿cómo has afrontado los prejuicios o barreras por ser mujer? La gastronomía es un rubro apasionante, pero históricamente exigente y muy masculino en los espacios de liderazgo. Más que enfocarme en los prejuicios, decidí enfocarme en el trabajo constante, en la preparación y en liderar desde el ejemplo. He aprendido que la firmeza no está reñida con la sensibilidad. Ser mujer me ha permitido construir equipos desde la empatía, el orden y la colaboración, demostrando que la disciplina, la visión y la capacidad de gestión no tienen género. Cada desafío lo he tomado como una oportunidad para profesionalizarme más y abrir camino a otras mujeres que sueñan con dirigir sus propios proyectos gastronómicos.

¿Quién ha sido tu mayor inspiración y cómo ha impactado en tu manera de entender la profesión y la vida? Mi mayor inspiración ha sido mi familia y todas las mujeres trabajadoras que me rodearon desde pequeña. Ellas me enseñaron que el esfuerzo silencioso y la constancia construyen grandes proyectos. También me inspira profundamente el territorio donde estoy, Chiloé, su identidad y su cultura culinaria. Entender la cocina como patrimonio y como relato me hizo comprender que la gastronomía no es solo técnica: es historia, comunidad y propósito. Eso ha marcado mi forma de trabajar: con respeto por el producto, por el equipo y por las personas que se sientan a la mesa.

¿Qué sacrificios personales has tenido que hacer para perseguir tu sueño y cómo los gestionaste emocionalmente? Emprender en gastronomía implica renunciar a tiempos personales, a estabilidad económica en algunos momentos y asumir grandes responsabilidades. He vivido etapas de incertidumbre, especialmente cuando el contexto no acompaña. Lo he gestionado apoyándome en mi familia, mis 7 hijos que son el motor principal y el equipo. Nunca dejando de recordar siempre por qué empecé. Entendí que los sacrificios no son pérdidas, sino inversiones en un sueño mayor. Hoy miro el camino recorrido con gratitud, porque cada dificultad fortaleció mi carácter y reafirmó mi convicción de que vale la pena construir proyectos con identidad y propósito.

Carolay Lado, Chef pastelera y dueña de La Pastelería by Carolay Lado, Pucón

 ¿Hubo algún momento en el que sentiste que tenías que demostrar el doble por ser mujer? ¿Cómo transformaste esa presión en motivación? Al principio de esta experiencia laboral, tuve que demostrar lo mejor por una parte mi poca edad no tenía experiencia más que lo estudiado, llegué a trabajar a un prestigioso Hotel al área de pastelería y donde sólo trabajaban hombres, entonces tuve que poner todo mi disposición y motivación, para ganarme un lugar dentro de esa área y de la empresa de igual forma aprendí mucho de ellos, a la vez me esforzaba por no cometer errores o retrasar procesos. Siempre teniendo siempre claro que mi trabajo valía al igual que el de ellos.

¿Qué papel ha jugado la sororidad o el apoyo de otras mujeres en tu crecimiento profesional y personal? La verdad la sororidad viene desde mis abuelas y madre, que hicieron un papel fundamental en la cocina, creando la confianza en mí, donde siempre hemos estado en desventaja por la maternidad, también por la fuerza que se aplica dentro de ella nos subestiman, pero juntas somos fuerza, empoderamiento, creamos y guiamos a muchos que hoy en día son grandes profesionales.

¿Cómo cuidas tu bienestar emocional en un sector tan demandante y qué le dirías a otras mujeres sobre la importancia de priorizarse? La clave para un bienestar emocional en un sector tan demandante es darte espacios para el cuidado personal teniendo claro que no es lujo, sino una necesidad, las mías por ejemplo son compartir otras experiencias con otras mujeres, salir a disfrutar de la naturaleza, el contacto con la tierra, respirar profundo y seguir con más energías. Tenemos la habilidad de hacer muchas cosas a la vez como también pensar y crear tantas más, así que no debemos descuidarnos, ¡a seguir creciendo en este mundo gastronómico que amamos!

María Paz Larrea, Subgerente de operaciones cafeterías Quererte, Santiago.

¿Cuál fue el momento más difícil de tu trayectoria en la gastronomía y qué aprendiste de él que hoy define tu carácter? Más que un momento único, el desafío fue aprender a transformar la presión y el cansancio de jornadas extenuantes, en estrategia. Aprendí que la planificación meticulosa y la atención al detalle no son solo tareas, sino las herramientas que te dan la tranquilidad necesaria para liderar equipos con serenidad en entornos de alta exigencia.

¿Recuerdas una situación en la que dudaste de ti misma? ¿Qué hiciste para recuperar la confianza y seguir adelante? Nunca he dudado de mis capacidades, pero sí he dudado muchas veces de ciertas circunstancias o si los entornos en los que estaba eran los adecuados para mi propósito. Es parte del trabajo y de la vida. Mi clave ha sido activar redes profesionales y apoyarme en mentores, así como yo busco ser ese apoyo para otras mujeres de mi equipo. Entender que las dudas sobre el contexto son naturales y que se superan con preparación y comunicación estratégica, no con miedo.

¿Qué emociones te acompañan cuando entras en cocina cada día y cómo influyen en tu forma de liderar o trabajar en equipo? Entro a la cocina con energía y pasión, pero sobre todo con un sentido de responsabilidad hacia mi equipo. Mi liderazgo se basa en la conexión humana: saber cómo están antes de empezar el turno, organizar las tareas y partir el día con buena actitud y algo de humor. Un equipo que se siente visto y escuchado trabaja con una mística distinta.

Katherine Arcos, Chef Ejecutiva Hotel Hare Nua, Isla de Pascua

¿Qué sacrificios personales has tenido que hacer para perseguir tu sueño y cómo los gestionaste emocionalmente?  Ser chef me ha llevado a trabajar en lugares muy lejanos de mi hogar, como la Antártica o Isla de Pascua, y eso implica sacrificios importantes. He tenido que pasar largos períodos lejos de mi familia, perderme momentos importantes y adaptarme a entornos exigentes, tanto física como emocionalmente.  Con el tiempo aprendí a transformar esos momentos en crecimiento personal. Me enfoqué en recordar por qué elegí esta profesión, la pasión por cocinar y por llevar un pedacito de hogar a quienes están lejos del suyo. Gestionarlo emocionalmente ha sido un proceso de aprendizaje constante de valorar cada experiencia como parte de un camino que me ha hecho más fuerte y consciente de quién soy.

¿Cómo cuidas tu bienestar emocional en un sector tan demandante y qué le dirías a otras mujeres sobre la importancia de priorizarse? La gastronomía es un mundo intenso: largas jornadas, mucha presión y un ritmo que muchas veces no deja espacio para detenerse. Con el tiempo entendí que cuidar mi bienestar emocional no es un lujo, es una necesidad para poder seguir haciendo lo que amo. Intento crear pequeños espacios para mí misma, incluso en medio de jornadas largas: respirar, caminar, conectar con la naturaleza cuando estoy en lugares nuevos o simplemente recordar que mi valor no depende solo de mi rendimiento en la cocina sino de la felicidad que causa en mí.  A otras mujeres en este rubro les diría que priorizarse no es egoísmo, es autocuidado, crecimiento y amor propio. Nuestra pasión por la cocina no debe significar renunciar a nuestros sueños personales. Cuando una mujer se respeta y se cuida, también abre camino para que las que vienen después trabajen en entornos más conscientes y humanos.

¿Qué legado te gustaría dejar en la gastronomía para que las próximas generaciones encuentren un camino más justo y humano? Me gustaría que mi paso por la gastronomía aporte a construir cocinas más humanas. Donde el respeto y el cuidado del equipo sean tan importantes como el resultado del plato. Que las nuevas generaciones, especialmente las mujeres, sepan que sí hay espacio para ellas, que no tienen que endurecerse para pertenecer, que pueden ocupar cualquier espacio dentro de la gastronomía,incluso en contextos exigentes o remotos.

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