
La gastronomía chilena a ojos de los turistas brasileños
En temporada alta, entre los turistas que más llegan a mayor cantidad Chile son los brasileños, quienes son atraídos al país del cobre por sus hermosos paisajes, la nieve y la cultura. Pero esto no es lo único que los sorprende, sino que la gastronomía nacional es un universo que los encanta, pues los sabores e ingredientes se alejan de los de Brasil.
Para muchos brasileños, la cocina chilena les llama la atención por sus raíces y sentido territorial. Algunas de las preparaciones cotizadas por estados turistas son el pastel de choclo y las empanadas de pino, pero también platos como el mariscal o el caldillo de mariscos, los que impresionan con sus sabores intensos o muchas veces desconocidos para ellos, sumado al gusto de las algas y cochayuyos. Eso sí, algunas de las críticas son respecto a la falta de especias y la sazón discreta, en comparación con la intensidad de la cocina brasileña.

otro lado, la falta de referentes es un punto negativo. A diferencia de cocinas como la peruana o argentina, la chilena no cuenta hasta el momento con restaurantes de renombre internacional ni figuras icónicas que la representen alrededor del globo. En ese sentido, existe una percepción fragmentada, pues los turistas no siempre saben qué pedir y dónde dar con platos auténticos de nuestro país: esto se traduce en una ausencia de una identidad gastronómica bien comunicada.
Lo que sí fascina a los turistas brasileños es el pan chileno, reconocido por su calidad y omnipresencia. Además, destacan los sánguches típicos como el churrasco o el lomito. Otro hallazgo que llama la atención es la cazuela chilena, que sorprende por incluir varios carbohidratos –papa, arroz, zapallo y choclo– en una misma sopa. Pese a que al probarla desconcierta, varios la describen como comida casera, reconfortante y con sabor hogareño.

Como si fuera poco, el merkén es uno de los favoritos del brasileño. También destacan los circuitos de enoturismo, con almuerzos de maridaje en viñas como Concha y Toro, Undurraga o Casas del Bosque, que combinan vino y cocina local, sumando valor a la experiencia turística.
último, algo que impresiona es la comida callejera, dominada por carros de origen venezolano o haitiano, ofreciendo hot dogs, tequeños y frituras, dejando poco espacio a una identidad culinaria chilena reconocible en la vía pública.
Pese al potencial de la gastronomía chilena, carece de una narrativa cohesionada y de íconos visibles. Expertos coinciden en que hay talento, producto e historia, pero falta articularlo en una propuesta clara para el visitante. El reconocimiento de Taste Atlas en 2024, que incluyó a Chile entre las 25 mejores cocinas del mundo, valida ese potencial, pero aún queda trabajo por hacer para que la cocina local deje de ser una sorpresa y se convierta en un motivo de viaje.





