Foodies, cuando el plato se convierte en escaparate

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que sentarse a la mesa era, sobre todo, un acto íntimo. Comer significaba parar, compartir, saborear. Hoy, sin embargo, el primer gesto antes de hincarle el diente a un plato suele ser otro: sacar el móvil. La moda foodie, impulsada por redes sociales como Instagram o TikTok, ha transformado profundamente nuestra relación con la comida. Y la pregunta es inevitable: ¿comemos para disfrutar o para mostrar?

El fenómeno foodie nació, paradójicamente, con vocación democrática. Frente al elitismo del gourmet clásico, reivindicaba que cualquiera podía disfrutar de la gastronomía sin manuales, títulos ni cuentas abultadas. Bastaba con curiosidad y ganas de compartir la experiencia. Sin embargo, lo que empezó como una celebración accesible del placer culinario ha derivado, en muchos casos, en una carrera por la imagen perfecta. El sabor importa, sí, pero cada vez menos si no entra primero por los ojos… y por el algoritmo.

Hoy los platos se diseñan pensando en su fotogenia, los locales en su fondo para selfies y los menús en su potencial viral. No es casualidad que muchos restaurantes se llenen tras un solo reel exitoso ni que otros desaparezcan cuando la moda pasa. La gastronomía se ha convertido en contenido, y el comensal, en prescriptor involuntario. Todos somos críticos, todos somos escaparate.

No se trata de demonizar las redes. Han dado visibilidad a pequeños negocios, han democratizado la recomendación y han convertido la experiencia de comer fuera en algo más social y participativo. Pero también han introducido una lógica acelerada, superficial y, en ocasiones, engañosa. El riesgo es claro: confundir experiencia con espectáculo y placer con validación digital.

Además, esta obsesión estética no es inocua. Nutricionistas advierten de cómo la idealización constante de ciertos alimentos, cuerpos y hábitos puede deteriorar la relación con la comida, especialmente entre los más jóvenes. Cuando comer deja de responder a una necesidad física o emocional y pasa a ser una obligación estética, algo se rompe. El plato deja de nutrir para empezar a exigir.

Quizá el mayor reto del fenómeno foodie sea encontrar el equilibrio. Celebrar la creatividad, la presentación y la innovación sin olvidar lo esencial: que la comida alimente, cuide y conecte. Que un plato bonito no excuse uno mediocre, y que compartir no sustituya al disfrute real. Comer por los ojos puede ser un complemento; convertirlo en norma, un problema.

Al final, la pregunta no es si la moda foodie ha llegado para quedarse —porque claramente lo ha hecho—, sino qué lugar le queremos dar en nuestra vida cotidiana. Tal vez haya que volver a algo tan revolucionario como sencillo: probar antes de fotografiar, saborear antes de publicar y recordar que no todo lo que merece ser disfrutado necesita ser contado.

Artículo resumido de: http://periodismeuv.com/2025/05/19/foodie-la-moda-que-conquista-los-paladares-en-las-redes-sociales/

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