DÍA NACIONAL DE LAS MANIPULADORAS DE ALIMENTOS EN CHILE

Un reconocimiento a quienes alimentan con esfuerzo, compromiso y vocación de servicio.

Cada último viernes de octubre, Chile conmemora el Día Nacional de las Manipuladoras y Manipuladores de Alimentos, fecha establecida mediante la Ley 21.032, promulgada en 2017, con el propósito de reconocer y visibilizar la importancia de esta labor, especialmente en los establecimientos educacionales.

«La manipulación de alimentos es una labor históricamente feminizada: las mujeres representan la gran mayoría de quienes desempeñan este trabajo, aunque también existe participación masculina. (los datos indican que el 97% corresponden a mujeres). Una realidad que refleja el importante aporte femenino a la alimentación escolar y al bienestar de miles de estudiantes».

Su trabajo cumple un profundo rol social, pues contribuye directamente a la alimentación, nutrición y bienestar de miles de niños, niñas y jóvenes del país. No se trata solamente de preparar y servir alimentos: su labor implica recibir y almacenar materias primas, organizar la producción, elaborar preparaciones, controlar porciones, mantener rigurosas condiciones de higiene e inocuidad alimentaria y entregar diariamente un servicio que requiere responsabilidad, disciplina, conocimientos técnicos, trabajo en equipo y un importante esfuerzo físico.

Son trabajadoras fundamentales dentro de la cadena de alimentación colectiva y, particularmente, del sistema educativo. Su aporte trasciende la cocina, porque también contribuyen al bienestar, la dignidad y las oportunidades de desarrollo de quienes reciben diariamente una alimentación en sus establecimientos educacionales.

Hoy es una oportunidad para reconocer su esfuerzo, valorar su oficio y recordar que detrás de cada plato servido existe un trabajo humano, técnico y social que merece respeto y gratitud.


Para Antonieta Muñoz, Socia de Fegach, Región del Maule, quien se desempeñó como Chef regional del Programa de Alimentación Escolar (PAE). Fueron años de trabajo, dedicación y respeto, buscando siempre dignificar la labor de las manipuladoras y ayudarlas a reconocer su enorme responsabilidad. Detrás de cada ración servida hay manos que trabajan en silencio, historias de sacrificio y un compromiso que merece todo nuestro reconocimiento, indica Antonieta.

En gastronomía hablamos de técnicas, gramajes, costos, inocuidad y brigadas de cocina. Pero existe una labor que pocas veces recibe el reconocimiento que merece: la de las manipuladoras de alimentos, mujeres que diariamente asumen la enorme responsabilidad de alimentar a miles de niños y jóvenes.

Muchas de ellas son madres y abuelas que salen de sus hogares cuando todavía amanece, dejando atrás a sus propias familias para preparar el alimento de los hijos de otros. Entre grandes ollas, vapor y extensas jornadas, su trabajo exige conocimientos, rigurosidad sanitaria, esfuerzo físico y una sensibilidad que ningún procedimiento puede enseñar. Quienes conocen el mundo gastronómico saben que alimentar no consiste únicamente en preparar una ración. También implica cuidar, respetar y comprender que, para muchos estudiantes, ese plato representa una parte fundamental de su bienestar diario.

Termina mencionando Antonieta Muñoz, «en su día, quisiera reconocer especialmente a esas mujeres cuyas manos pocas veces aparecen en las fotografías, pero cuyo trabajo está presente en miles de recuerdos escolares. Porque mientras otros niños reciben el alimento que ellas preparan, quizás los suyos esperan su regreso a casa. Y en ese gesto cotidiano, tan silencioso como inmenso, existe una forma de amor y compromiso que la gastronomía jamás debería olvidar.»

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